martes, 11 de diciembre de 2012

El destino y la luna

Muchos están hablando de tormentas solares, de desastres y del fin del mundo, pero lo curioso es que al parecer ya había pasado todo aquello por mi vida en tan solo un año. 

Un huracán que venía remolineando hace algún tiempo con amenazas de destrucción, con advertencias que al parecer nunca cumpliría con susurros nocturnos camuflados por pesadillas, entre las nebulosas de un pensamiento vago o en recuerdos de momentos jamás vividos.

Tal vez la vida es un poco irónica a veces o más bien sarcástica, pues si bien todas las personas vivimos bajo el mismo sol, no todos padecemos bajo las mismas lunas, cada cual tiene mengues diferentes, matices a eclipses y otros a bellísimas faces llenas y creo que me ha tocado vivir uno de los eclipses más largos en la historia de la humanidad. 

¿Enamorada? Tal vez, ¿ilusionada? Mucho. 

Son de esas historias que tan solo se cuentan en una conversación de pasillo, las que se comentan como anécdota o confesión secreta, son de esas que parecen vanas, pero es increíble lo sinceras y puras que pueden llegar a ser. Hace unos años le conocí, en circunstancias tan comunes como cualquier chica conocería a un chico (tal vez en una fiesta, por medio de los amigos, en un cumpleaños, por un familiar lejano, etc), el asunto es que le conocí y eso marcó mi vida. Pasé muchos meses añorando que se fijara algo en mí, mas que una amiga, que pudiera sentir lo mismo que sentía por él, que me mirara como yo lo hacía escondida… pero dentro de todo ese tiempo, apareció ELLA. Una arpía de ojos grandes, cuerpo de estrella fugaz y hombros de biblioteca. 

Por lágrimas podría decir que solo lloré lagos, no ríos ni mares, pero lloré. Por sufrimiento tan solo fue una puñalada directa, y sin tanto dramatismo, fue simplemente una jugada despiadada del destino. Cuando las personas te dicen que debes olvidarlo… no hacen simplemente recordarte lo importante que es para ti, lo mucho que significa y que el sentimiento está tan latente como el primer día, por ello decidí no contarle a nadie y me lo trague como quien se traga un papel que fue manchado en tinta por accidente. El problema fue que aunque nadie me estuviese diciendo que le olvidara y con ello recordándole aún más… le seguía recordando y añorando como cuando le vi por primera vez, tan adorable como pastelillo recién horneado, listo para ser decorado o como una paleta de chocolate, adictivo y delicioso. 


La luna ya había menguado para mí, pero no tenía idea que volvería a hacerlo. 

Pasaron unos años, y allí estaba con el papel atragantado en medio de la garganta, aún no lo había podido digerir, cuando ocurrió por fin un milagro. Esa arpía de caderas laberínticas por fin se alejó de él, por fin, pero lo más inesperado es que después de tanto tiempo parecía que había una concreta posibilidad que el destino simpatizara con ambos. 

Silencio, silencio incomodo y profundo, silencio inexplicable pero al mismo tiempo evidente… la luna cambió nuevamente, pero para mi desgracia era el comienzo de un largo y triste eclipse.

 No demoraron tantas hojas en caer, como en árboles crecer que la arpía reaparece pero con noticias en su vientre, desgarrando la nuevo romance que comenzaba a forjar con mi destino y con éste chico de generosa sonrisa. Se que contar esta historia ha parecido tan tedioso como desconsolador, pero ya nada es tan importante como el saber que mi corazón no volverá a funcionar como antes. Desde que se concretó el eclipse partió al cielo un pedazo de mi alma, un mar de lágrimas y una insoportable realidad, ya nada importa tanto como ese angelito que me mira, me acaricia por las noches y sonríe para que el destino de una vez por todas vuelva a ser mi amigo y tal vez en un futuro encontrar algún chico que no tenga ninguna arpía que le siga ni un vientre con su nombre.

"DEDICADO A UNA PERSONA MUY ESPECIAL, ESPERO HAYA SIDO DE SU AGRADO."

Mariela Grief Dishmel

No hay comentarios:

Publicar un comentario